¿Para qué llenarse de arrogancia y verborrea, procurando probar que el diseño es un camino iniciático, difícil y lleno de fracasos, donde muchos son los llamados y pocos los elegidos? ¿Para qué demostrar que es tan difícil? ¿Para qué apretar y apretar, negar, romper, violar? Alguno dará más de si, como el material que cede y se elonga; pero acaba extenuado, agotado en el rencor de la violencia prolongada. Esa es la lógica del limón exprimido. ¿Porqué no demostrar que es elemental, fácil? Dar pistas, ayudar, soplar. ¿Porqué no celebrar la vida en el acto de la composición y el diseño?

La sensación final, definitiva, debe ser el agotamiento postorgásmico: Lo di todo.